Un mundo de contradicciones
Dedicado a la Copa del Mundo 2026
Se pregunta uno cuál es la calidad de esa novela que amerita regalar miles de ejemplares. La respuesta es obvia. Eso parece ser que solo se le puede ocurrir a Ignacio Taibo, su director, en un arranque de morena austeridad franciscana.
La novela en cuestión se titula La muerte de Tyrone Power en el Monumental del Barcelona, que en esencia es un relato plagado de contradicciones.
1. Tyrone Power fue un reconocido actor de cine por la década de los años cuarenta a cincuenta del siglo XX, famoso por su apostura de raza blanca, aun cuando suene ahora políticamente incorrecto. En la novela en cuestión, Tyrone Power no es de raza blanca, sino negro; no es actor, es futbolista, todo un crack del fútbol soccer en retiro.
2. En la novela, nuestro Tyrone Power muere dos veces. Sí, dos veces. La primera, en la Monumental Barcelona. La Monumental no es el sitio de la capital de la región catalana de España, sino el estadio de fútbol ubicado en Guayaquil, del país sudamericano de Ecuador.
3. El tema de la novela se centra en la tarea de un investigador policiaco, imaginado por el novelista ecuatoriano Miguel Donoso Pareja, exiliado político de su país al nuestro. El detective aparece con el nombre de Clit Mairot, individuo soltero, cuarentón, plagado de manías; entre otras, la de ser un consumado chef.
Este Clit debía su nombre a su madre, quien en realidad lo registró al nacer con el nombre de Clítoris y que él, por razones obvias, redujo a Clit. El apellido del detective, Mairot, derivaba de la admiración que el investigador criminal sentía por el personaje central de las incontables novelas de misterio de la famosa escritora Agatha Christie, Hércules Poirot, cuyo apellido se transformó de Poirot a Mairot (quedé anonadado de tanta imaginación pedestre).
De mi parte, no logro explicarme cómo es posible que una madre bautice a su hijo con el nombre de Clítoris, que es, en esencia, una parte anatómica del sexo femenino. Lo de Mairot es una deformación de Poirot, lo que tampoco le encuentro una racional explicación, salvo la admiración por el personaje del detective Hércules.
El de la voz estuvo tentado a abandonar la lectura de este libro desde las tres o cuatro primeras páginas, después de enterarse del origen del nombre y apellido del personaje principal de esta novela; de que la víctima del relato se llamaba Tyrone Power, futbolista afamado y retirado ya de las canchas; y de que su muerte había ocurrido en Barcelona, pero no en la ciudad catalana, sino en la de Guayaquil, Ecuador, en el estadio Monumental.
Como tengo espíritu masoquista tratándose de lecturas, leí las 212 páginas de la novela y, a mi juicio —que no es muy de fiar porque no soy ni de lejos crítico literario—, la novela enfrenta el misterio de que Tyrone Power murió dos veces, lo que es una contradicción mayúscula, porque ningún ser humano puede morir dos veces, incluso ni Jesucristo, pues él resucitó de su muerte, pero no ha muerto otra vez, porque él es inmortal.
He leído varias novelas de misterio, desde las famosas de Sherlock Holmes, de Conan Doyle; las de Hércules Poirot, de Agatha Christie; las de Arsène Lupin; hasta las más recientes, como las del novelista mexicano Élmer Mendoza, creador del policía investigador, el Zurdo Mendieta, o las del destacado escritor cubano Leonardo Padura, a través de su personaje Mario Conde.
Y, en mi humilde opinión, aún no encuentro razón o fundamento por el cual la editorial Fondo de Cultura Económica se haya decidido a invertir millones de pesos en publicar 85 mil ejemplares gratuitos, “para fomentar la cultura y el hábito de la lectura”.
Me encuentro en un conflicto en plena guerra, pues mis escasas neuronas se han dividido entre aquellas que no encuentran argumento alguno para defender el noble propósito de obsequiar 85 mil ejemplares de un detective que, desde el nombre y apellido, no facilita el interés para desentrañar el misterio de las dos muertes de Tyrone Power, el amo de las canchas de fútbol ecuatoriano; y otras neuronas que afirman que precisamente el misterio no está en la temática de la novela, sino en la decisión del director del Fondo de Cultura Económica. (¡Más si osare!)
Posdata.- Si a alguno de mis cuatro lectores se interesa, por el desenlace de la novela y no desea chutarse las 212 páginas, estaré complacido en desentrañar ese asunto en próximas fechas.
1. Tyrone Power fue un reconocido actor de cine por la década de los años cuarenta a cincuenta del siglo XX, famoso por su apostura de raza blanca, aun cuando suene ahora políticamente incorrecto. En la novela en cuestión, Tyrone Power no es de raza blanca, sino negro; no es actor, es futbolista, todo un crack del fútbol soccer en retiro.
2. En la novela, nuestro Tyrone Power muere dos veces. Sí, dos veces. La primera, en la Monumental Barcelona. La Monumental no es el sitio de la capital de la región catalana de España, sino el estadio de fútbol ubicado en Guayaquil, del país sudamericano de Ecuador.
3. El tema de la novela se centra en la tarea de un investigador policiaco, imaginado por el novelista ecuatoriano Miguel Donoso Pareja, exiliado político de su país al nuestro. El detective aparece con el nombre de Clit Mairot, individuo soltero, cuarentón, plagado de manías; entre otras, la de ser un consumado chef.
Este Clit debía su nombre a su madre, quien en realidad lo registró al nacer con el nombre de Clítoris y que él, por razones obvias, redujo a Clit. El apellido del detective, Mairot, derivaba de la admiración que el investigador criminal sentía por el personaje central de las incontables novelas de misterio de la famosa escritora Agatha Christie, Hércules Poirot, cuyo apellido se transformó de Poirot a Mairot (quedé anonadado de tanta imaginación pedestre).
De mi parte, no logro explicarme cómo es posible que una madre bautice a su hijo con el nombre de Clítoris, que es, en esencia, una parte anatómica del sexo femenino. Lo de Mairot es una deformación de Poirot, lo que tampoco le encuentro una racional explicación, salvo la admiración por el personaje del detective Hércules.
El de la voz estuvo tentado a abandonar la lectura de este libro desde las tres o cuatro primeras páginas, después de enterarse del origen del nombre y apellido del personaje principal de esta novela; de que la víctima del relato se llamaba Tyrone Power, futbolista afamado y retirado ya de las canchas; y de que su muerte había ocurrido en Barcelona, pero no en la ciudad catalana, sino en la de Guayaquil, Ecuador, en el estadio Monumental.
Como tengo espíritu masoquista tratándose de lecturas, leí las 212 páginas de la novela y, a mi juicio —que no es muy de fiar porque no soy ni de lejos crítico literario—, la novela enfrenta el misterio de que Tyrone Power murió dos veces, lo que es una contradicción mayúscula, porque ningún ser humano puede morir dos veces, incluso ni Jesucristo, pues él resucitó de su muerte, pero no ha muerto otra vez, porque él es inmortal.
He leído varias novelas de misterio, desde las famosas de Sherlock Holmes, de Conan Doyle; las de Hércules Poirot, de Agatha Christie; las de Arsène Lupin; hasta las más recientes, como las del novelista mexicano Élmer Mendoza, creador del policía investigador, el Zurdo Mendieta, o las del destacado escritor cubano Leonardo Padura, a través de su personaje Mario Conde.
Y, en mi humilde opinión, aún no encuentro razón o fundamento por el cual la editorial Fondo de Cultura Económica se haya decidido a invertir millones de pesos en publicar 85 mil ejemplares gratuitos, “para fomentar la cultura y el hábito de la lectura”.
Me encuentro en un conflicto en plena guerra, pues mis escasas neuronas se han dividido entre aquellas que no encuentran argumento alguno para defender el noble propósito de obsequiar 85 mil ejemplares de un detective que, desde el nombre y apellido, no facilita el interés para desentrañar el misterio de las dos muertes de Tyrone Power, el amo de las canchas de fútbol ecuatoriano; y otras neuronas que afirman que precisamente el misterio no está en la temática de la novela, sino en la decisión del director del Fondo de Cultura Económica. (¡Más si osare!)
Posdata.- Si a alguno de mis cuatro lectores se interesa, por el desenlace de la novela y no desea chutarse las 212 páginas, estaré complacido en desentrañar ese asunto en próximas fechas.
Efectivamente hay libros que no valen la pena publicarse y que nada o caso nada aportan, incluso pueden vacunar te contra la lectura.
ResponderBorrarDesde mi particular punto de vista el tiraje "regalado" de este tipo de libros y otros más cumplen con dos funciones: 1. justificar que se ha hecho una difusión masiva para fomentar la lectura y2. porque "si no hay obras, no hay sobras" y luego ¿de que viven estos funcionarios?
Sin embargo si me gustaría saber en qué termina esta intrincada novela.