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Soy Tomasa y estoy feliz

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Soy Tomasa y estoy feliz. Soy adoptada; no recuerdo a mi madre. Seguramente no tuve una infancia feliz: sufrí malos tratos, mala alimentación y poco afecto y cariño. Un día, apenas en la infancia, me extravié en la calle, y solo la fortuna me puso en una cadena de manos bienhechoras. Finalmente encontré un hogar permanente y gané una hermana. Hace poco, mientras mi vida transcurría sin mayores sobresaltos, probablemente algún alimento afectó mi salud. De repente, mi temperatura corporal se disparó y, con ella, llegaron convulsiones que duraban minutos: ataques incontenibles de actividad. Corría de un lado a otro sin ningún propósito o sentido; me sentía fuera de mí. Mi hermana Artemisa se aterrorizó; se apartaba de mí sin entender mis súbitos cambios de comportamiento y huía en cuanto se presentaban las convulsiones. Con todo ello llegó la angustia familiar. Mis padres se alarmaron y terminé en manos de doctores. Increíble: pasé por laboratorio, análisis médicos y exámenes clínicos con...

Cuánto ha cambiado el mundo

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Cuando la vida me permite ingresar a la década de los años 90, la energía física ha disminuido considerablemente, lo que es inevitable. Ya soy viejo y propenso a recordar pasajes de mi vida; en mi niñez y hasta la adolescencia, el escenario de mi existencia fue un pequeño pueblo provinciano, donde la vida citadina estaba penetrada por raíces profundas de contenido rural. No existían los negocios que ahora denominamos tiendas de conveniencia, como los Oxxo, los Seven Eleven, etcétera, sino pequeños locales donde doña Chona, don Pepe, etcétera, ofrecían las más diversas mercancías: desde el pan cotidiano hasta toda clase de verduras y frutas, o artículos de costura. Podía, de niño, obtener dulces a un precio de un centavo, cuando aún circulaban esas humildes monedas. Jugaba al trompo, al yoyo, a las canicas, o a diversiones como los encantados. El cine era una dimensión especial, reservada a una vez por semana, y no siempre, porque no existían películas destinadas a los infantes; l...

Los juicios orales

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  Los juicios orales forman parte del sistema judicial que conocemos, en buena medida, a través de películas y series de televisión de los Estados Unidos. Explicar en unos cuantos párrafos su esencia y sus implicaciones sociales, políticas y económicas es tarea imposible; sin embargo, a partir de mi experiencia profesional de más de setenta años en el ámbito del derecho —como abogado litigante, juez y fiscal—, intentaré exponer algunas de sus características más relevantes. En esa larga vida profesional, el sistema judicial que en México predominaba —fuese en materia penal, civil, laboral o fiscal— era casi en exclusiva el sistema por escrito. El sistema de justicia por escrito se apoya en documentos, en expedientes, en los hechos de cada caso, en las pruebas aportadas por las partes y en los alegatos; de suerte que el axioma de este sistema se puede expresar así: “lo que no consta en papelito no existe”. La experiencia —al menos la mía— demuestra que el papelito no siempre ref...

Vida contemplativa

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La ventaja (o desventaja) de formar parte de un círculo de lectura, que generalmente es cuadrado o rectangular, radica en que se eligen obras que, de no pertenecer a este tipo de grupos, no serían objeto de nuestros desvelos. El más reciente trabajo que se nos propuso se trata de una obra del filósofo surcoreano Byung-Chul Han , en cuya contraportada del libro titulado Vida contemplativa se le señala como uno de los filósofos más leídos del mundo. De mi parte, el título Vida contemplativa me envió a la idea de los recintos medievales, conventos; a la idea de una existencia de monjes, entre ellos los cartujos, que a los votos de castidad, pobreza y obediencia agregaban el del silencio, y en cuyos diarios periodos de oración es lógico suponer que los conducían a una vida de recogimiento. Para este filósofo, la vida contemplativa se refiere a periodos de inactividad de la persona que no deben entenderse como un no hacer, como un lapso en que nos recuperamos de nuestra incesante ta...

Reconciliación

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 ¿Quién, si ya llegó a la edad madura, no ha sufrido la pérdida de un ser querido? ¿Quién, si ya arribó a esa etapa de la vida, ha padecido injusticias en su trabajo, en la salud, en los afectos? ¿Quién no ha perdido la fe en la vida, en el trabajo, en el mismo acto de amanecer día a día? ¿Quién, en alguna ocasión, ha padecido por horas, días, semanas o años ira, coraje contra ¿Dios, la humanidad o contra sí mismo? ¿Quién, en el transcurso de su existencia, ha encontrado reconciliación?   Hace unos días tuve la oportunidad de contar con la visita de mi hija Verónica. Ella contribuyó, con sus habilidades de comunicadora y maestra de educación Montessori, a poner ante mis ojos dos cortometrajes, cada uno de 18 minutos, trabajos cinematográficos de calidad probada como candidatos a premios en diversas partes del mundo. Estimados cuatro lectores: esos dos cortometrajes han contribuido a reflexiones que convirtieron estos días en inolvidables.  Si alguna ...

La pólvora

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A mis coterráneos, por sus 500 años En México, sobre todo en el centro y sur del país, no pudiera concebirse una festividad religiosa —y algunas profanas— sin el estruendo, desde el amanecer hasta bien caída la noche, de cuetes y toda clase de artefactos de pólvora. Cuando cursaba el sexto de primaria y mi primero de secundaria, en los rudimentarios conocimientos de química en las propias escuelas, me inicié en la fabricación de pólvora colorida, de la que al producirse su explosión estallaban nubes de colores: verde, roja, blanca; sin duda porque las fiestas se pintaban con los colores de la bandera. Aprendí también a fabricar pólvora negra, la más común y vulgar. El Ángel de la Guarda que protegía a mis condiscípulos y a mí mismo laboraba horas extra y al borde, seguramente, de la histeria; gracias a sus buenos oficios no tuvimos accidentes que lamentar. El 4 de julio de cada año Acámbaro celebra el aniversario de la patrona del pueblo, la Virgen del Refugio, a quien, según rez...

Hallazgos inesperados

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La vida nos depara encuentros insólitos, unos agradables, otros no tanto; lo que los caracteriza es precisamente lo inesperado de su presencia. Apenas hace dos o tres días, en tránsito pedestre, después de acudir a estrenar un corte de pelo, llegué a una casa aledaña a la peluquería que exhibía artículos a bajo costo, en venta de cochera. Considerando que mi agenda diaria de semi retiro me permitía desperdiciar un poco de tiempo, entré en la cochera y recorrí su corto espacio sin propósito definido de adquirir algún objeto. En un rincón, en una repisa, descansaban una o dos docenas de libros usados y, por mi inveterada costumbre de ver libros y saludarlos, cumplí con esa costumbre adquirida desde niño. Me llamó la atención un pequeño impreso: Cartilla moral , de la pluma del afamado filósofo y escritor Alfonso Reyes, de la cual había escuchado referencias. Su precio: la mitad de lo que cuesta una modesta Coca-Cola. Pasó a mis manos. Primera sorpresa. Seguí escudriñando los demás ...