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Acámbaro, cinco siglos

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Ombligo de la galaxia, centro del universo Acámbaro, lugar de magueyes según la lengua tarasca, es un valle al pie de los cerros El Toro y El Chivo, en el límite de los estados de Guanajuato y Michoacán, y a orillas del río Lerma o río Santiago. En ese valle, supongo que a principios del siglo XVI, existían miles de magueyes; ahora solo por casualidad los encuentras. En ese lugar, Nicolás Montañés, indio tlaxcalteca bautizado con nombre y apellido español, al frente de un puñado de paisanos —obviamente tlaxcaltecas, no españoles—, en el afán conquistador de los recién llegados hispanos a Mesoamérica de propagar la fe de la religión católica y, desde luego, de obtener beneficios económicos, ¡faltaba más!, se dio a la tarea de fundar el poblado de Acámbaro en el año de 1526. Siguiendo las directrices de la época, a partir de la plaza o espacio central, presidido en primer orden por lotes dedicados a la religión y bajo una traza en cuadrícula —que por desgracia no se respetó al cien p...

Año Nuevo, idioteces viejas

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El término viejas no se refiere a féminas de buen ver y mejor tocar, sino a aquellas ideas o acciones que la vida cotidiana convierte en ancianas arrugadas, de carácter agrio y de ceño fruncido. Si nuestro carácter es ver el mundo por el lado positivo, empezamos el año con renovadas esperanzas, con fe en que los seres humanos se comporten como lo que se supone deben ser, y no como sus acciones u omisiones los contradicen. Si, por el contrario, transitamos por este mundo con una visión pesimista, seguros de que el año 2026 será peor que el 2025 y que todos los anteriores, en pocas palabras, todo seguirá en calidad de ******, con la agravante de que cada día habrá más. Basta un botón para demostrar que el bando pesimista lleva las de ganar. Trump, en una acción peliculesca, hizo lo que dijera Julio César: vine, vi y secuestré . Se supone que tenía en mente un cambio democrático para el pueblo de Venezuela, ¡Lástima, Margarito!, solo le interesa el business , el petróleo… y lo que caiga....

Libros y lectura

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  En este fin de año, mi hija Laura me anticipó su obsequio de Navidad. Santiago Posteguillo es un prolífico autor de novela histórica que, desde hace algunos años, viene publicando obras de varios cientos de páginas cada una sobre personajes históricos de la antigua Roma. Por lo común, en forma separada por varios meses, se han puesto a la venta sus trilogías sobre Escipión el Africano, sobre la vida de Trajano y sobre otros personajes, hombres y mujeres, de la República romana o de la etapa del Imperio romano. Recientemente, Posteguillo se ha enfocado en la vida y obra de uno de los grandes capitanes de la historia: me refiero a Julio César. En noviembre de 2025 publicó la tercera obra sobre este afamado personaje, dedicada a la parte de las campañas militares del César en la llamada guerra de las Galias. Por lo que se vislumbra, a Julio César le va a dedicar no tres volúmenes, sino seis, o tal vez hasta nueve, considerando que el relato de la vida de Julio César apenas va a la m...

Navidad

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Cuando arriba diciembre, caemos en cuenta de que otro año está por concluir y que este lapso llegó a nuestras vidas con una rapidez casi inesperada. Recordar las épocas decembrinas de nuestra lejana infancia y adolescencia siempre es placentero, máximo porque conlleva rememorar épocas de festejos, regalos y buenos deseos para todo mundo. La Navidad es sinónimo de paz y amistad a nivel universal, y ha perdurado aún en las condiciones más difíciles. Llegan a mi memoria dos relatos de historias reales y otro de un cuento literario, los que pongo a la consideración de mis cuatro lectores. En el curso de la Primera Guerra Mundial, uno de los más notables hechos bélicos de este terrible conflicto fue la guerra de trincheras. En una de las Navidades de esa guerra, los soldados empezaron a intercambiar saludos en lugar de disparos. Poco a poco, al principio desconfiados, salieron de sus trincheras, atravesaron tierra de nadie y se saludaron, se abrazaron, cantaron villancicos, se mostraron fot...

Todos somos materia del mismo barro

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Gracias a las lecturas y comentarios vertidos en el Círculo de lectura del Museo Arocena donde semana a semana nos reunimos en ese lugar un grupo de asiduos aficionados a los libros que me inspiró a escribir los renglones que aparecen a continuación: Somos polvo de estrellas, arena de playa o partículas en el páramo del desierto. Somos materia sideral, parte de galaxias. En el tiempo un pequeño resplandor de infinitesimal vida siempre transformada en esencia universal. A algunos amigos del citado círculo les agradó el mensaje y por ello me atrevo ha compartirlo con mis cuatro lectores sin otro propósito que aprovechar la ocasión para enviarles un afectuoso saludo concretado en la muy común y trillada, pero siempre hermosa frase: ¡Feliz Navidad! Gracias Octavio Alberto Orellana Wiarco P.D. Que el año venidero se cumpla en salud… lo demás vendrá por añadidura.

Leonardo Padura

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Leonardo Padura es para mí uno de los más notables escritores de nuestros tiempos, y esta apreciación —que ya he expresado en algunas ocasiones— la ratifica con cada novela que publica, lo que no es fácil, pues sucede con frecuencia que quien escribe a veces logra escalar un peldaño más alto con alguna de ellas, y cuando sigue publicando es común que no alcance a superar el éxito logrado. La primera novela que tuve la oportunidad de disfrutar es la que por lo general se admite como su obra maestra: El hombre que amaba a los perros , que proporciona una visión ignorada de la faceta desconocida del asesino del dirigente político León Trotsky, quien disputó el poder político de su natal Rusia a José Stalin cuando Iván Lenin fallece, después de lo cual el poder político quedó en favor de los llamados bolcheviques que derrocaron la larga dinastía de los zares. Otras novelas de Leonardo Padura utilizan a un personaje de su fértil mente: el policía investigador Mario Conde, como sucede en Pas...

Sobrevivir

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Cuando el ser humano se ve condenado día a día a dedicar sus cada vez más menguadas fuerzas físicas y morales a buscar en la basura, en los desechos cotidianos —que son, por desgracia, de mayores magnitudes cada día—, tiene un solo propósito: sobrevivir . Es obligado interrogar a su mundo interior, al de su entorno inmediato y al del país en que vive: por qué, cómo y para qué sobrevive. Pero cuando sabe que está vedado preguntar el porqué, se vería ante la evidente conclusión de cuestionar el sistema político, social y económico de quienes conducen el país. Sin embargo, para ellos esa conducta constituye el más grave delito: traición a la patria . Cuestionar entraña pensar, reflexionar, dudar, dialogar, escribir, argumentar, exigir responsabilidades de quienes, por la ley, la Constitución y la razón de ser del propio Estado y del gobierno, están obligados a asegurar a cada ciudadano o individuo que habita esta nación que cualquier municipio o región del país viva en paz, cuando en rea...