La pólvora
A mis coterráneos, por sus 500 años En México, sobre todo en el centro y sur del país, no pudiera concebirse una festividad religiosa —y algunas profanas— sin el estruendo, desde el amanecer hasta bien caída la noche, de cuetes y toda clase de artefactos de pólvora. Cuando cursaba el sexto de primaria y mi primero de secundaria, en los rudimentarios conocimientos de química en las propias escuelas, me inicié en la fabricación de pólvora colorida, de la que al producirse su explosión estallaban nubes de colores: verde, roja, blanca; sin duda porque las fiestas se pintaban con los colores de la bandera. Aprendí también a fabricar pólvora negra, la más común y vulgar. El Ángel de la Guarda que protegía a mis condiscípulos y a mí mismo laboraba horas extra y al borde, seguramente, de la histeria; gracias a sus buenos oficios no tuvimos accidentes que lamentar. El 4 de julio de cada año Acámbaro celebra el aniversario de la patrona del pueblo, la Virgen del Refugio, a quien, según rez...