Soy Tomasa y estoy feliz
Soy Tomasa y estoy feliz. Soy adoptada; no recuerdo a mi madre. Seguramente no tuve una infancia feliz: sufrí malos tratos, mala alimentación y poco afecto y cariño. Un día, apenas en la infancia, me extravié en la calle, y solo la fortuna me puso en una cadena de manos bienhechoras. Finalmente encontré un hogar permanente y gané una hermana. Hace poco, mientras mi vida transcurría sin mayores sobresaltos, probablemente algún alimento afectó mi salud. De repente, mi temperatura corporal se disparó y, con ella, llegaron convulsiones que duraban minutos: ataques incontenibles de actividad. Corría de un lado a otro sin ningún propósito o sentido; me sentía fuera de mí. Mi hermana Artemisa se aterrorizó; se apartaba de mí sin entender mis súbitos cambios de comportamiento y huía en cuanto se presentaban las convulsiones. Con todo ello llegó la angustia familiar. Mis padres se alarmaron y terminé en manos de doctores. Increíble: pasé por laboratorio, análisis médicos y exámenes clínicos con...