Copa del Mundo 2026


Hace unos días inició la Copa del Mundo 2026, con partidos a celebrar entre ciudades sedes: la Ciudad de México, otro en Estados Unidos y el tercero en una urbe del Canadá.

Por nuestra herencia bananera, el gobierno, utilizando el evento como distractor de los graves problemas de criminalidad organizada, de miles de personas desaparecidas, de un nulo desarrollo o crecimiento económico, había festejado el día anterior la ola de aficionados más grande del mundo, que pasó a récord mundial Guinness. (¡Cosas veredes, mio Cid!).

En 1986, por una situación fortuita, pude asistir como simple y vulgar aficionado a un partido de la Copa del Mundo celebrado ese año. Mi compadre Sergio Pérez Medodio me invitó al partido de México contra Alemania, celebrado en Monterrey, Nuevo León.

Cuando el partido inició, me di cuenta porque estaba fascinado: nunca había visto una ola. Y, ante mis ojos, miles de aficionados se levantaban y se sentaban, formando una especie de ola. Invención, según me dijeron, reciente a esas fechas y producto del ingenio nacional, ¡faltaba más!

A la fecha, México ha tenido la enorme distinción de organizar, por tercera ocasión, una Copa del Fútbol Mundial. Esta vez el evento ha resultado un astronómico atraco. El precio por asistir a un partido, en un asiento de tipo mediano, ronda fácilmente los 20 o 30 mil pesos. Debimos, como aficionados, boicotear este robo de la FIFA y no asistir a ningún partido. (¿En qué sueñas, Margarito?).

Nací en una pequeña ciudad en 1935, en mi estado natal, Guanajuato, donde el deporte popular dominante lo era, y lo sigue siendo, el fútbol. Apenas contaba con seis o siete años cuando me convertí en jugador llanero de tiempo completo.

A la edad de nueve o diez años estuve a punto de reprobar estudios porque mi vida estaba dedicada a jugar fútbol con pelota, que podía ser de trapo o de cualquier material.

El León, equipo de primera división por aquellas épocas, fue campeón de la liga y el Dumbo López, su centrodelantero —como se estilaba en esos lejanos días—, resultó campeón goleador.

Me sabía nombres de incontables jugadores: Bataglia, Lángara, Casarín, etcétera, y de equipos que ya no existen: el Oro, el Zacatepec, el Asturias y el que acaba de reintegrarse a primera división, el Atlante, equipo del pueblo.

He sido fan de por siempre del fútbol y, en mi larga historia, doy fe de singulares partidos, algunos muy famosos. De ellos traigo a colación los siguientes.

 

1. El Maracanazo

En 1950, Brasil organizó lo que en esas fechas era como el tercer o cuarto torneo de Copa del Mundo. Los cariocas contaban con el equipo considerado el mejor en esas fechas.

México asistió y jugó tres partidos, y todos los perdió. Uno de ellos fue contra Brasil y el marcador terminó 5-0. Para la Tota Carvajal, portero de México, fue su primer torneo.

El juego de la final enfrentó a Uruguay, que ya había logrado ganar la Copa, y a Brasil, el gran favorito del equipo de casa, quien había construido el estadio más grande del mundo, con capacidad de hasta 200,000 espectadores. Todavía a la fecha sigue siendo el de mayor cupo de aficionados.

A Brasil le bastaba con un empate para obtener la Copa. El juego resultó muy reñido y, contra lo esperado, ganó Uruguay 2-1. Brasil vivió uno de los días más tristes de su historia.

Barbosa, el portero carioca, pasó hasta su muerte una existencia de oprobio popular. El desastre dio origen a una nueva palabra: Maracanazo.


2. En el curso de la Segunda Guerra Mundial

En el curso de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes habían invadido gran parte de Rusia y tomado centenares de miles de soldados soviéticos prisioneros, en un campo de concentración, el 9 de agosto de 1942 se organizó, por los militares alemanes, un juego de fútbol entre prisioneros rusos, exjugadores profesionales, contra el equipo formado por alemanes.

Los jugadores rusos sabían que debían perder. De ganar, era probable que los ejecutaran. El árbitro, un nazi, permitió juego violento y a favor de los alemanes. Aun así, los rusos ganaron.

La afrenta para los alemanes la “lavaron” torturando y ejecutando a sus vencedores.


3. Honduras y El Salvador

En 1969, Honduras jugó contra la selección de El Salvador un tercer partido de desempate, después de dos encuentros: uno a favor de Honduras y el segundo, ganado por El Salvador.

Ambos equipos se disputaban un lugar para el torneo de la Copa del Mundo que se iba a jugar en 1970, con sede en la Ciudad de México.

El tercer partido se jugó en cancha neutral, en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, y lo ganó El Salvador 3-2.

El resultado repercutió en una guerra llamada de las “100 horas”. Fue breve, pero arrojó de 4,000 a 5,000 muertos. A este acontecimiento bélico se le conoce como la Guerra del Fútbol.


4. El juego del siglo

En la Copa del Mundo de 1970, celebrada en México, el 17 de junio de ese año, se disputó el partido semifinalista entre Alemania e Italia, y el vencedor debía jugar la final.

El partido fue de una emoción constante. Ambos equipos se enfrascaron en una batalla memorable. En el curso del juego, Franz Beckenbauer, el mejor jugador germano, se lesionó un brazo y jugó el resto del partido con el brazo inmovilizado.

Al concluir el tiempo regular, Italia ganaba 1-0, pero Alemania empató en el último minuto: 1-1.

En los tiempos extras, de 30 minutos, Alemania anotó y se colocó 2-1. Italia empató y remontó: se colocó 3-2. Alemania volvió a empatar: 3-3. Casi al final de los tiempos extras, Italia logró el 4-3 y calificó a la final, que jugó contra Brasil —donde jugaba Pelé—, y el resultado fue victoria de 3-1 para los cariocas.

Las anotaciones, casi al final de periodos de tiempo cruciales, en vaivén, dieron por resultado un juegazo no apto para cardiacos. Con toda justicia, ha pasado a la historia como el juego del siglo.


Posdata.- En la Copa del Mundo de 1970 pude entrar a los partidos de México, entre ellos al de la inauguración. Asistí también al partido del siglo. El precio de las entradas era accesible.

En la presente Copa 2026, ni siquiera hice el intento de adquirir entrada. Eso es locura. Como lo decía frecuentemente Brozo, el payaso más tenebroso: ahí se ven en la tele.


Pronóstico

El ganador: la FIFA. Aclarando: sólo sus dirigentes.

 

Junio 10 de 2026.

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