Soy Tomasa y estoy feliz


Soy Tomasa y estoy feliz.

Soy adoptada; no recuerdo a mi madre. Seguramente no tuve una infancia feliz: sufrí malos tratos, mala alimentación y poco afecto y cariño.

Un día, apenas en la infancia, me extravié en la calle, y solo la fortuna me puso en una cadena de manos bienhechoras. Finalmente encontré un hogar permanente y gané una hermana.

Hace poco, mientras mi vida transcurría sin mayores sobresaltos, probablemente algún alimento afectó mi salud. De repente, mi temperatura corporal se disparó y, con ella, llegaron convulsiones que duraban minutos: ataques incontenibles de actividad. Corría de un lado a otro sin ningún propósito o sentido; me sentía fuera de mí.

Mi hermana Artemisa se aterrorizó; se apartaba de mí sin entender mis súbitos cambios de comportamiento y huía en cuanto se presentaban las convulsiones.

Con todo ello llegó la angustia familiar. Mis padres se alarmaron y terminé en manos de doctores. Increíble: pasé por laboratorio, análisis médicos y exámenes clínicos con nombres estrafalarios.

En poco tiempo, mis padres me llevaron, en medio de mis dolores y padecimientos, al hospital, y pasé a manos de desconocidos. En medio del temor de verme alejada del hogar y de mis seres queridos, sola y desamparada, perdí el conocimiento y pasé al quirófano. Fui operada; de ello me enteré después, cuando recobré la conciencia. Y, como es proverbial en la conducta del personal de salud, poco o nada te informan o te explican qué te pasa, qué harán contigo, qué trances vas a enfrentar o cómo vas a terminar.

Al paso de dos o tres días de haber sido operada, cuando mi papá llegaba al hospital, me aferraba a sus piernas, lo abrazaba con desesperación para que me llevara consigo. Una o dos veces, en el curso de esos días, me acariciaban, me hablaban con ternura, pero al final se marchaban. Vivía en la angustia.

Apenas ayer, cuando abandonaba la esperanza de volver con los míos, el milagro ocurrió. Sí, sucedió lo inesperado: llegaron por mí. Volví a mi hogar. Me siento recuperada de salud; estoy con mis padres, con mi hermana, en mi casa.

Soy feliz.

Posdata: Recibe mi perruno cariño y mi fidelidad eterna.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Guillermo del Toro, un mexicano con sabiduría

Vuelta a la página

Todos somos materia del mismo barro