Navidad
Cuando arriba diciembre, caemos en cuenta de que otro año está por concluir y que este lapso llegó a nuestras vidas con una rapidez casi inesperada.
Recordar las épocas decembrinas de nuestra lejana infancia y adolescencia siempre es placentero, máximo porque conlleva rememorar épocas de festejos, regalos y buenos deseos para todo mundo.
La Navidad es sinónimo de paz y amistad a nivel universal, y ha perdurado aún en las condiciones más difíciles. Llegan a mi memoria dos relatos de historias reales y otro de un cuento literario, los que pongo a la consideración de mis cuatro lectores.
En el curso de la Primera Guerra Mundial, uno de los más notables hechos bélicos de este terrible conflicto fue la guerra de trincheras. En una de las Navidades de esa guerra, los soldados empezaron a intercambiar saludos en lugar de disparos. Poco a poco, al principio desconfiados, salieron de sus trincheras, atravesaron tierra de nadie y se saludaron, se abrazaron, cantaron villancicos, se mostraron fotografías de sus lejanos seres queridos. Por una noche reinó la paz y la concordia; las armas callaron. Después…la matanza prosiguió.
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En 1918 concluyó la Primera Gran Guerra y se firmó la paz. Se fundó la Sociedad o Liga de las Naciones para que nunca hubiera otro conflicto. Apenas transcurrieron dos décadas y, en 1939, se desató la Segunda Guerra Mundial, tan cruenta o más que la primera.
En la Navidad de 1944, cuando las tropas aliadas ingresaban a territorio alemán, una pequeña partida de soldados norteamericanos, apenas un pelotón, vagaba en la campiña, en la oscuridad, buscando refugio del frío circundante. Localizaron una pequeña cabaña donde sus moradores, la madre y sus pequeños hijos, se disponían a celebrar pobremente la Navidad, cuando tuvieron que alojar a aquellos soldados desconocidos y fuertemente armados. Con las dificultades del diferente idioma, se avinieron a celebrar esa fecha. Apenas se instalaban cuando, de improviso, arribó al lugar otro puñado de soldados: alemanes, que también buscaban refugio. La madre logró mediar entre esos enemigos combatientes y acordaron una tregua, y la Navidad transcurrió en alegre convivio entre unos y otros. La paz y la armonía reinaron, y al día siguiente se despidieron con gestos de amistad, y cada grupo marchó por diferentes rumbos… para proseguir la lucha.
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El cuento presente presenta la historia de Baltasar, el rey mago que venía desde tierras africanas, guiado por la estrella de Belén, a rendir honores al Hijo de Dios que estaba por nacer.
Baltasar traía consigo a su esposa, la que se encontraba embarazada y próxima a dar a luz. Baltasar se unió a otros dos reyes de lejanos reinos que también acudían a rendir homenaje y presentar al Niño Dios. Al llegar a la región de Judea fueron localizados por emisarios del rey Herodes, que gobernaba en esas tierras, y este, estando enterado de su misión, les pidió que cuando localizaran al recién nacido se lo comunicaran para que él pudiera, a su vez, acudir a rendir homenaje.
La estrella los condujo hasta su humilde establo, donde la Sagrada Familia, José y María, acababan de recibir al Niño Dios, y postrados ante él presentaron sus regalos. Cumplida su misión, cada rey emprendió el retiro a sus lugares de origen y, advertidos en sueños por un ángel, se abstuvieron de avisar a Herodes.
Baltasar meditaba en su viaje, lleno de gozo, de paz y amor, con un dejo de tristeza: el porqué el Hijo de Dios era un hermoso niño blanco y su hijo, acabado de nacer, hermoso pero de diferente color. Ignoraba Baltasar que una partida de soldados de Herodes, con la que se acababa de cruzar en su camino, no lo molestaría a él, a su esposa y a su hijo precisamente por su color, pues esa noche únicamente persiguieron y asesinaron a otros niños recién nacidos que eran como el Niño Dios, blancos. En esa terrible Navidad solo dos salvaron la vida: el Niño Dios y el hijo del rey Baltasar.
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A mis cuatro lectores les pido que, si su corazón los aconseja, brinden a cualquier migrante que esté a su alcance una sonrisa, un saludo y, si es posible, una dádiva. Lo que hagan por otros, lo hacen por mí, por ti. Reza el Evangelio.

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